19 de abril de 2024

Fernando Santillana 

Los procesos de renovación en la UNAM, ahora a cargo de Leonardo Lomelí desde la Rectoría, continúan de acuerdo al calendario establecido. Toca el turno a la Facultad de Derecho, donde el cambio siempre genera atención porque se trata de la carrera con más estudiantes, también la más demandada, y de la Facultad que tiene más y mayores vínculos con el sector gubernamental, y por añadidura con el poder político, de toda la universidad.

La terna está integrada por dos mujeres de probada capacidad, larga trayectoria y muy buen prestigio en la comunidad jurídica: Julieta Morales y Sonia Venegas, acompañadas de un tercero, Edgar Corzo, poseedor de una sólida carrera universitaria, pero con el detalle de no haber construido esa carrera en la Facultad que ahora pretende dirigir.

Corzo es un egresado de Derecho, pero no es un académico universitario formado ahí sino en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, donde está adscrito como investigador y a donde pertenece su plaza de empleado universitario. Es verdad que lleva años impartiendo cátedra en la Facultad de Derecho, pero lo hace como profesor externo, solo dos veces por semana, un semestre sí y otro no, para cubrir una parte de las obligaciones de docencia que le impone su posición como investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y su lugar en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). De hecho, así como en la Facultad de Derecho imparte una clase a las 7 am, en la Universidad Panamericana, una escuela particular de buen prestigio pero con un perfil de egresados completamente diferente al de la UNAM, Corzo también es profesor. Su pertenencia a otra institución académica y el hecho de que la mayor parte de su tiempo profesional esté consagrado al Instituto de Investigaciones Jurídicas, han provocado que su inclusión en la terna de la Facultad de Derecho sea vista con recelo por la parte más activa de la comunidad jurídica de la Facultad. Ahí son muy pocos los profesores, hombres y mujeres, que lo conocen realmente, y también pocos los que siquiera lo habían visto hasta la semana pasada, según dicen.

Otro detalle, que no es menor y tampoco le ha ganado simpatías a Edgar Corzo entre los profesores de la institución que pretende dirigir, es su historial de competencias por un posición directiva en la UNAM. Esta es la tercera ocasión en que llega a una terna para elegir a un director. Antes, en dos ocasiones, estuvo en la terna para elegir al titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas. Primero perdió con Pedro Salazar y después, en 2022, volvió a perder contra Mónica González Contró. Con dos comparecencias previas ante la Junta de Gobierno y dos derrotas al hilo, ahora que fue incluido en la terna para elegir director de la Facultad de Derecho de la UNAM, la pregunta inevitable entre los profesores de la institución, cargada de ironía, ha sido: ¿Acaso podría pensar la Junta de Gobierno que quien no ha sido suficientemente bueno para el Instituto de Investigaciones Jurídicas, sí es suficiente para la Facultad de Derecho? 

Hay más. Como en la UNAM tarde o temprano todo se sabe, y en todas las oficinas gubernamentales hay, al menos un abogado de la Facultad de Derecho, desde la Cancillería han surgido reportes que indican que, recientemente, el candidato Edgar Corzo estuvo promoviéndose, sin ningún éxito, para ser considerado como la propuesta mexicana para la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con miras a sustituir al juez Eduardo Ferrer Mcgregor. 

Sus críticos señalan que esa recurrente búsqueda de acomodo, revela de Corzo una personalidad, por lo menos chambista, que habla mal de su compromiso con la UNAM en general, y con la docencia en particular, pues antes que profesor, es un investigador que siempre esta en la búsqueda de una nueva posición que le permita avanzar burocráticamente.

Enfrente, Corzo tiene a dos mujeres de incuestionable formación académica y una larga trayectoria docente en su Facultad. Tanto Sonia Venegas como Julieta Morales son activos vigentes, con sólidas carreras y bien relacionadas con la vida diaria, los retos y las oportunidades de la Facultad de Derecho hoy y hacia el futuro.

Es tiempo de mujeres, sin duda, y en particular, a esa Facultad de la UNAM le vendría muy bien una mujer directora, tanto porque las dos candidatas tienen identidad, reconocimiento y arraigo evidentes en su comunidad, como porque una mujer permitiría cerrarle el paso a todas las acusaciones de machismo y misoginia que se han vuelto a circular para referirse a los abogados de la UNAM.

La Facultad de Derecho, dicen sus propios profesores, está en su mejor momento de, por lo menos, los últimos 60 años. Mantenerla trabajando en paz, sin divisiones, con la posibilidad de continuar y consolidar las buenas tareas, pero también de mejorar en aquellas áreas que ofrecen oportunidades de mejora y crecimiento, debería ser el principal objetivo de la Junta de Gobierno. 

En apenas días se sabrá si, con su decisión, los integrantes de la Junta apuestan por la continuidad para consolidar, o deciden provocar un terremoto en una escuela que, por cierto, no ha sufrido ni paros, ni tomas violentas, hace mucho, pero mucho tiempo.

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