14 de abril de 2024

Por Sergio Manríquez
Hitler, Porsche y el Volkswagen

Muchos quizá no lo sepan, pero un par de personas trascendentales para la creación del mítico Volkswagen fueron Adolf Hitler y Ferdinand Porsche. Quienes quieran enterarse del chisme completo les recomiendo ampliamente que lean Pequeña Maravilla. La Sorprendente Historia del Volkswagen de Walter Henry Nelson, de Ediciones Grijalbo. Pero bueno, para quienes deseen un resumen muy ejecutivo o una pequeña probada de esa historia, les cuento: En la Alemania nazi de mediados de los años 30 del siglo pasado, cuando el fatídico Tercer Reich estaba en pleno apogeo, Adolf Hitler tuvo la firme intención de que todas las familias alemanas tuvieran acceso a un auto. Recordemos que, para esa época el automóvil, si bien tenía ya tres décadas de haberse creado, era un artículo relativamente novedoso y prácticamente de lujo.
Aunque el financiamiento lo tenía por su control del erario, Hitler obviamente necesitaba de la ayuda de un ingeniero que creara tal obra desde cero. El elegido fue un ingeniero talentoso apenas conocido en aquel entonces: Ferdinand Porsche. Sí, el creador de la mundialmente famosa marca de automóviles deportivos, de la que hablaremos en otra ocasión.
La encomienda era crear un automóvil compacto, sencillo, confiable y económico. Aunque existieron varios prototipos, la idea general de un auto con muchas curvas, faros redondos y motor trasero enfriado por aire era una constante. No solo iba a ser un fenómeno el propio auto, sino también su fabricación, ya que incluso se fundó una ciudad para la instalación de la factoría que lo vería salir en serie: Stadt des KdF-Wagens bei Fallersleben. Parte del nombre se debe al del propio vehículo, que Hitler bautizó como Kdf-Wagen (Kraft durch Freude), cuya traducción al castellano sería: “Fuerza a través de la alegría”.
Sin embargo, prácticamente nadie lo iba a llamar así. Como se tenía la intención de que fuese el automóvil del pueblo, literalmente así lo llamaron en su país natal: Volkswagen (volks: gente o pueblo y wagen: auto) y dada su forma, se le empezó a denominar como: “Escarabajo”, “Beetle” o “Käfer”. En México particularmente fue poca la gente que le decía así; aquí se le conoció coloquialmente –y con cierto cariño- simplemente como “Vocho”.
La ceremonia de inauguración de la fábrica contó con un prototipo convertible, con el Führer (guía, en alemán) y el mismísimo Ferdinand Porsche al volante. No obstante, la producción en serio y en serie curiosamente iniciaría hasta 1945, es decir, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y prácticamente bajo la supervisión de los Aliados. Lo que sucedió en ese inter fue que la fábrica se destinó a producir armamento y no autos, pese a que el gobierno implementó un innovador sistema de fondeo parecido al autofinanciamiento (los interesados aportarían semanalmente 5 marcos alemanes, reuniéndose la generosa cantidad de 286 millones de marcos).
Lamentablemente, ninguno de los ahorradores recibió su auto. Los rusos –ganadores de la guerra, entre otros- confiscaron ese dinero como parte de las reparaciones de guerra y, como parte de los arreglos de los aliados, Inglaterra administraría la fábrica.
Aquí entra un nuevo personaje poco conocido, pero sin el cual no habríamos visto muchos “escarabajos”: Heinz Nordhoff. En pocas palabras, a este ingeniero alemán se le encargó la administración de la planta en 1948, enfrentando no solo apuros financieros que estaban llevando al borde de la extinción la empresa, sino también estigmas anti alemanes por fabricar al “Hitlerito”, ese “engendro del nazismo”. La aportación de Nordhoff es todo un ejemplo de inteligencia, practicidad, técnica, administración y, sobre todo, voluntad.
En Alemania se dejó de producir 1978, tras conseguir por fin éxito con un nuevo súper ventas: el Golf, que en su primera generación conocimos en México, como Caribe. Y fue precisamente en México, donde finalmente salió la última unidad en 2003, debido principalmente a las nuevas regulaciones sobre taxis solo permitían que se utilizaran vehículos de 4 puertas.
Esa última unidad fue enviada al museo de VW en Wolfsburg, misma que formó parte de una serie limitada denominada “Última edición”, en colores beige y azul claro, que recordaban las primeras unidades y que actualmente son muy cotizadas por los coleccionistas.
Finalmente, terminaré con una anécdota personal. Mi primer auto, un regalo de mi extinto padre, fue precisamente un VW, modelo 1992, rojo cereza y con vestiduras en velour beige, que celebraba haber sido votado por cientos de periodistas en el mundo como el “El Auto del Siglo”. Espero algún día volver a ver ese auto y si puedo, comprarlo.

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