26 de febrero de 2024

Por Sergio Manríquez

¿La calidad de los autos alemanes está en duda?

En un reciente reportaje de la sección de industria automotriz y movilidad de RPM, que depende de Deutsche Welle (DW), se planteó que la calidad y confiabilidad actual de los autos alemanes está en duda, sino es que en su peor momento.

La sola mención no es menor si consideramos que DW es un medio de información alemán y, de hecho, uno de los más importantes en ese país. En 1886, Karl Benz inventó el automóvil y después de ello, la industria automotriz ha impactado en el ser humano, al grado de que no podemos entender el mundo actual sin dichos vehículos.

Para los alemanes, sus automóviles[1] son motivo de orgullo nacional, producto de una gran tradición de tecnología de vanguardia, que se debe traducir en una inmejorable sensación al conducirlos o simplemente viajar en ellos. La paradoja es que precisamente esos avances tecnológicos se han convertido igualmente en un arma de doble filo, puesto que también son una fuente de quejas de sus propios clientes.

En términos muy generales, las fallas que se han reportado tienen que ver con los sistemas más sofisticados de los vehículos. Si vemos la tendencia en esos autos y prácticamente en todos los de lujo o deportivos es que las computadoras en gran medida gestionan no solo la función motriz (motor y transmisión), sino también los sistemas de seguridad, de entretenimiento y de confort, al grado de que el conductor muchas veces solo decide acelerar, frenar y dar vuelta.

Aunado a lo anterior, el grupo Volkswagen -que comprende además las marcas de volumen: Seat, Skoda y las marcas de lujo: Audi, Bentley, Porsche, Bugatti, Cupra, Ducati y Lamborghini- empezó a tener problemas de calidad derivados de una política de reducción de costos.

En México, por ejemplo, recordemos la 6ª generación del Jetta (MK6, 2010-2017), si bien representó un paso adelante en diseño respecto de su predecesor (el Bora), también supuso un paso hacia atrás en cuanto a materiales y aditamentos. La textura del tablero y de la parte inferior de las puertas era dura y barata; los frenos traseros eran de tambor y no de disco; la tapa del cofre ya no se sostenía por sí sola por medio de un par de amortiguadores, sino levantando una delgada viga que había de colocarse manualmente, como auto de los años 80.

También el famoso Dieselgate[2] representó un fortísimo golpe a la reputación de la marca en todo el mundo y una gran multa que impactó incluso en el área de carreras del grupo, al grado de salir Audi y Porsche del Campeonato Mundial de Resistencia (World Endurance Championship) dejando el camino libre a Toyota, para que por fin ganara tanto las 24 horas de Le Mans, como el propio serial, en la categoría principal (LMP1), ahora sustituida por los Hyper Cars.

Por otra parte, hay quien incluso afirma que los Mercedes-Benz construidos hasta los años 90 son autos que uno puede tener funcionando de por vida, mientras que los posteriores están hechos para estar en buenas condiciones apenas unos 10 o 15 años.

Otro aspecto a considerar es la cerrada competencia de las marcas asiáticas –japonesas y coreanas principalmente- que han evolucionado enormemente en términos de confiabilidad, equipamiento y hasta diseño, haciendo ver a muchos autos alemanes como un lujo innecesario, donde se acude quizá más por la marca y el estatus que representan.

De tal suerte, si bien las finanzas de las tres grandes marcas de lujo alemán son saludables, los precios casi prohibitivos que llegan a tener nuevos y los gastos de mantenimiento posterior a la terminación de las garantías, máxime las fallas de confiabilidad antes comentadas, hacen que muchos se decanten por opciones más prácticas, donde incluso la calidad y confiabilidad sean aspectos más importantes que el logo en el volante. 

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